En palco 2
La Guerra de los ultimos
Pablo Arriagada
Por

28 de agosto de 2026

Cinecolor Chile
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"La Guerra de los Últimos": sobrevivir cuando ya no quedan razones para hacerlo

Ridley Scott regresa al cine postapocalíptico con una historia de supervivencia que pone el foco en la pérdida y la soledad, con un elenco donde destaca un genial Josh Brolin.

Ridley Scott regresa a la ciencia ficción con "La Guerra de los Últimos" (The Dog Stars), una historia postapocalíptica protagonizada por Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley y Guy Pearce. Basada en la novela de Peter Heller, la película imagina un mundo devastado por una pandemia de influenza que acabó con buena parte de la humanidad. Los pocos sobrevivientes viven aislados, buscando alimentos y defendiéndose de quienes se han convertido en la principal amenaza de este nuevo mundo.

En este escenario conocemos a Hig (Jacob Elordi), un joven mecánico y piloto que vive junto a su perro Jasper y Bangley (Josh Brolin), un exmarine obsesionado con la supervivencia. Ambos han convertido un pequeño aeródromo en su refugio y sobreviven gracias a las armas, las provisiones y los vuelos que Hig realiza periódicamente para conseguir alimentos y medicamentos.

​Pero Hig no parece realmente interesado en sobrevivir. La muerte de su esposa lo dejó atrapado en un mundo que ya no reconoce. Su perro es prácticamente el último vínculo con aquella vida anterior y, mientras Bangley parece disfrutar de la lógica de la guerra y estar perfectamente preparado para este nuevo escenario, Hig continúa adelante por pura inercia. Hasta que una misteriosa señal de radio cambia las cosas.


La transmisión podría significar que todavía existe algo más allá de ese pequeño mundo que ambos han construido. Hig decide entonces salir a buscar respuestas y, en el camino, conoce a Cima (Margaret Qualley) y a su padre Pops (Guy Pearce), dos sobrevivientes que también cargan con sus propias pérdidas.

Es ahí donde The Dog Stars demuestra sus verdaderas intenciones. Ridley Scott no está demasiado interesado en explicar cómo ocurrió la catástrofe ni en construir un universo postapocalíptico particularmente novedoso. Los saqueos, los grupos de sobrevivientes violentos, las fortalezas improvisadas y la búsqueda de provisiones son elementos que ya hemos visto muchas veces. La diferencia está en que Scott utiliza ese escenario como telón de fondo para hablar de la pérdida.

Hig no está buscando solamente un lugar seguro. Está buscando una razón para continuar viviendo. Y cuando conoce a Cima y Pops, aparece una posibilidad que parecía completamente desaparecida: volver a construir algún tipo de vínculo humano.


​En ese sentido, la película funciona casi como un western. Hay personajes recorriendo enormes territorios, refugios que funcionan como fuertes, amenazas que aparecen desde el horizonte y un grupo de desconocidos obligado a confiar entre sí para sobrevivir. La naturaleza adquiere además un protagonismo especial, especialmente durante las escenas de Hig volando en su avioneta sobre los paisajes desolados. El director aprovecha esos espacios para transmitir una sensación de soledad y libertad que contrasta con el mundo devastado que vemos en tierra. 

El elenco también funciona muy bien. Elordi interpreta a un protagonista contenido y marcado por el duelo, mientras Qualley aporta una energía distinta cuando entra en escena. Pero es Brolin quien se roba buena parte de la película. Su Bangley es brutal, desconfiado y casi parece haber estado esperando toda su vida que la civilización desapareciera para finalmente sentirse en casa.

La relación entre ambos es uno de los mejores elementos de la película: dos hombres que sobreviven de maneras completamente opuestas. Uno se aferra a los recuerdos de lo que perdió; el otro abraza el nuevo mundo porque parece hecho a su medida. 


La película tampoco consigue escapar completamente de los lugares comunes del género. Hay decisiones argumentales discutibles, situaciones poco creíbles y elementos que parecen responder a las convenciones del cine postapocalíptico. Incluso es inevitable encontrar ecos de películas como The Road, I Am Legend o The Last of Us.

Hay además una referencia especialmente curiosa a A Boy and His Dog, el clásico de 1975 protagonizado por Don Johnson, donde un joven sobrevive al fin del mundo acompañado por su perro. La idea de encontrar una posible utopía escondida en medio de la devastación también tiene ciertos ecos de aquella película. 

En definitiva, La Guerra de los Últimos no es una de las grandes películas de Ridley Scott ni pretende reinventar el género. Sin embargo, nunca resulta aburrida: avanza con buen ritmo, tiene grandes paisajes, personajes carismáticos y una relación central que sostiene buena parte de la historia. 

Al final, más que preguntarse cómo reconstruir el mundo, Scott parece preguntarse qué queda de nosotros cuando el mundo desaparece. Y quizás ahí está el corazón de la película: cuando ya no queda nada por lo que sobrevivir, encontrar a alguien puede ser una razón suficiente para hacerlo.

Ya disponible en cines chilenos.

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