Monitos a Mano: tres cortometrajes, tres mundos y una muestra del talento de la animación chilena
De la fantasía artesanal al terror experimental, pasando por una hilarante investigación detectivesca, esta antología reúne tres propuestas muy distintas que demuestran la diversidad creativa de la animación nacional.
La animación chilena llega a la pantalla grande con Monitos a Mano, una antología que reúne tres cortometrajes completamente diferentes entre sí, tanto en sus propuestas visuales como en sus narrativas. Producido y presentado por Pista B, el proyecto reúne Ánima del Amanecer, de María Ignacia Hargreaves y Guillermo Arias; Merrimundi, de Niles Atallah; y El Tamagochi Escarlata, de Francisco Visceral e Ignacio Socías. Una selección que transita entre la fantasía, la experimentación audiovisual y la comedia, demostrando que la animación nacional tiene mucho más que ofrecer que una sola forma de contar historias.
El recorrido comienza con Ánima del Amanecer, una colorida y entrañable animación en stop motion que nos introduce en un mundo fantástico dominado por la oscuridad y la tecnología. Allí conocemos a dos improbables compañeros: una criatura demoníaca y peluda y un ser de apariencia esquelética, quienes deberán confiar el uno en el otro para enfrentar una amenaza y encontrar el camino hacia la luz.
Aunque la película nunca termina de explicar las reglas de este universo tan particular, su encanto está precisamente en la libertad con que construye sus imágenes y situaciones. Es una aventura alocada, visualmente atractiva y con una animación muy bien lograda, que encuentra espacio para hablar de la amistad, la pérdida y la importancia de las tradiciones. Su desenlace, especialmente emotivo, consigue darle un corazón a una historia que, por momentos, parece avanzar guiada por la imaginación antes que por la necesidad de explicar cada detalle de su mundo.

El segundo cortometraje cambia radicalmente de registro. Merrimundi, de Niles Atallah, es una experiencia audiovisual mucho más oscura, extraña y perturbadora, que por momentos recuerda al cine experimental de David Lynch, particularmente a Eraserhead y sus primeros cortometrajes, además de evocar la imaginería inquietante de Begotten, de E. Elias Merhige.
Estrenado durante
2025 en el Festival de Cine de Venecia y ganador además del Premio al Mejor
Cortometraje Experimental en la última edición de Chilemonos, su propuesta mezcla animación, imágenes de aspecto grotesco y un blanco y negro de contrastes extremos. Entre sus escenas encontramos rostros de bebés con apariencia de muñecos que cantan, voces distorsionadas, pasajes musicales y diferentes idiomas, incluido el latín. Todo forma parte de una pesadilla conceptual en la que una máquina sintiente parece desplegar su propia visión de un paraíso retorcido y un futuro apocalíptico.
Ver Merrimundi en una sala de cine es una experiencia particular. Sus imágenes pueden resultar hipnóticas y genuinamente perturbadoras, pero también exigen paciencia. Su carácter abstracto, la dificultad para descifrar qué está ocurriendo y una duración que se siente extensa hacen que, en determinados momentos, la experiencia se vuelva cansina. Es un cortometraje que apuesta por las sensaciones y la experimentación antes que por una narración convencional, una decisión artística interesante que no necesariamente conseguirá conectar con todos los espectadores.
Pero si hay un título que terminó conquistándome, ese fue El Tamagochi Escarlata. Dirigido por Francisco Visceral e Ignacio Socías, este cortometraje abandona las atmósferas inquietantes para ofrecer una comedia detectivesca tan absurda como divertida.
La premisa es sencilla: en la sala del 4B, una niña sufre el robo de su preciado Tamagotchi escarlata. Ante semejante crimen, Iñaki y su amigo Cecilio, una tortuga, deciden convertirse en detectives privados al más puro estilo del cine negro de los años cuarenta para resolver el misterio. Lo que sigue es una investigación que mezcla el imaginario del policial clásico con el humor delirante, los personajes extravagantes y una identidad marcadamente chilena.
La mejor forma de describirlo sería imaginar El Halcón Maltés pasado por un viaje de ácido. Su animación en acuarela le entrega una identidad visual particular, mientras que el lenguaje chileno y la manera en que se desarrolla la investigación construyen una comedia que sabe aprovechar lo absurdo de su premisa. Es un cortometraje muy entretenido, bien contado y con momentos que sacan carcajadas. En mi caso, fue el gran favorito de la antología, gracias a una combinación de humor, creatividad y amor por el cine de detectives.
Este trabajo obtuvo el premio a Mejor Cortometraje Latinoamericano en la última edición de Chilemonos. Actualmente, el cortometraje se encuentra impulsando una campaña para entrar en la shortlist de los próximos Premios Óscar, con la posibilidad de representar a Chile en la categoría de Mejor Cortometraje Animado.

Lo interesante de Monitos a Mano es que ninguno de estos cortos parece interesado en parecerse al otro. Cada uno construye su propio universo, experimenta con distintos recursos de animación y propone una relación diferente con el espectador. Esa diversidad también implica que no todas las experiencias funcionan con la misma intensidad, pero forma parte del atractivo de una selección que se atreve a explorar caminos distintos.
La invitación es a descubrir estos tres mundos en pantalla grande, dejarse sorprender por sus diferencias y apoyar a una industria que continúa buscando nuevas formas de expresarse. Y si tuviera que elegir una razón para recomendar la experiencia, sería precisamente esa: nunca sabes qué te vas a encontrar en el siguiente cortometraje.
Monitos a Mano comenzó sus funciones en cines este jueves 29 de octubre, con exhibiciones en complejos seleccionados de Cinépolis en Santiago, Puerto Montt, Temuco y Chillán. Además, algunas funciones especiales en la capital contarán con la participación de Ignacio Socías y distintos invitados, en encuentros que permitirán al público conocer más sobre el proyecto y sus creadores. Las entradas están disponibles en las boleterías y a través de la aplicación Cinépolis GO.



































