Cocaína Negra: una historia tan delirante como aterradora
El documental de Cristóbal Valenzuela reconstruye la vida de Eugenio Berríos, el bioquímico vinculado a la DINA, a través de registros sonoros del propio protagonista y una propuesta experimental que transforma un oscuro episodio de nuestra historia en un relato que por momentos parece sacado de la ficción.
Hay historias que parecen demasiado absurdas, oscuras y delirantes para ser reales. Sin embargo, la historia de Eugenio Berríos es una de ellas. Bioquímico vinculado a la DINA, colaborador en el desarrollo del gas sarín y protagonista de uno de los episodios más inquietantes de nuestro pasado reciente, su vida es el punto de partida de Cocaína Negra, el nuevo documental de Cristóbal Valenzuela Berríos (Robar a Rodin, Isla Alien).
Pero lo que hace particularmente interesante a esta producción no es solamente la historia que decide contar, sino la manera en que lo hace. Valenzuela encuentra en unas sorprendentes grabaciones de audio realizadas por el propio Berríos una oportunidad narrativa que termina convirtiéndose en el principal atractivo de la película. Debido a su constante paranoia, el químico registraba conversaciones, discusiones y distintos momentos de su vida cotidiana. Un material extraordinario que permite acercarnos a su personalidad y descubrir a un personaje tan fascinante como perturbador.
Lo inteligente es que el director no se limita a reproducir estas grabaciones mientras acompaña el relato con imágenes de archivo o fotografías. En cambio, propone una reconstrucción experimental en la que distintos actores interpretan las situaciones registradas, limitándose a sincronizar sus labios con las voces originales de las cintas. De esta manera, las imágenes adquieren una dimensión bastante particular: vemos a los personajes moverse, discutir e interactuar, pero las voces que escuchamos pertenecen a las personas reales que protagonizaron esos momentos.

El resultado es una propuesta cinematográfica sumamente atractiva, que juega constantemente con los límites entre documental y ficción. En ese sentido, destaca especialmente la participación de Claudio Arredondo, quien interpreta a Berríos durante sus últimos años, cuando su personalidad parece estar cada vez más dominada por la paranoia y el delirio. Su trabajo consigue darle cuerpo a un personaje que, incluso a través de sus propias grabaciones, resulta difícil de descifrar.
El documental recorre buena parte de la trayectoria de Berríos: desde su educación en la Universidad de Concepción, su vinculación con el movimiento ultraderechista Patria y Libertad, su posterior relación con la DINA y su participación en el desarrollo del gas sarín, hasta sus actividades vinculadas al narcotráfico y su huida a Uruguay en 1991. Allí, protegido por redes de inteligencia militar, terminaría desapareciendo en 1992. Sus restos serían encontrados recién en abril de 1995, en una playa de El Pinar, cerca de Montevideo.
Pero hay algo todavía más inquietante en la figura de Berríos y es la posición que llegó a ocupar dentro de las estructuras de poder de la dictadura. No se trataba solamente de un químico que colaboraba en la elaboración de armas letales y que conocía información sobre los crímenes cometidos por los organismos represivos. También estaba vinculado a redes de narcotráfico y a operaciones clandestinas que involucraban a integrantes del mundo militar. De hecho, sus conocimientos químicos le permitieron desarrollar la denominada "cocaína negra" o "cocaína rusa", una variante que incorporaba pigmentos y sales minerales para alterar su apariencia, reducir su olor característico y dificultar su detección por perros policiales. Según los antecedentes atribuidos al exjefe de la DINA, Manuel Contreras, Berríos participó en su elaboración en instalaciones militares de Talagante. Así, este hombre acumulaba información extremadamente delicada sobre las operaciones de la dictadura, sus redes y sus colaboradores. Cuando llegó la transición democrática, su eventual declaración en la investigación por el asesinato de Orlando Letelier lo convirtió en un testigo particularmente incómodo. Su salida clandestina del país y posterior asesinato en Uruguay terminarían convirtiendo su historia en uno de los episodios más oscuros de la transición chilena.

Sin embargo, Cocaína Negra está lejos de ser un documental que se limite a enumerar acontecimientos históricos de manera cronológica. Lo que realmente construye es el retrato de un individuo increíblemente inteligente, paranoico, aterrador y, en ocasiones, hasta ridículo. Un personaje que parece salido de una película de ficción, pero cuya existencia y participación en algunos de los episodios más oscuros de nuestra historia están documentadas.
A las grabaciones se suman entrevistas con personas que conocieron a Berríos o que estuvieron relacionadas con la investigación de su desaparición y asesinato. Desde personas de su entorno cotidiano, como su peluquero en Uruguay, hasta el detective que siguió el caso y otros protagonistas de esta compleja historia. Estos testimonios ayudan a completar un retrato que resulta tan fascinante como incómodo, porque detrás del personaje extravagante y delirante también aparece el contexto de violencia, impunidad y operaciones clandestinas que hicieron posible su trayectoria.
Hay detalles que parecen directamente sacados de una película de espías. Su participación en la elaboración del gas sarín, la descripción de sus efectos y la inquietante historia de cómo transportaba esta sustancia en una botella de perfume Chanel N°5 son algunos de esos momentos que cuesta creer. Y es precisamente ahí donde la película encuentra uno de sus mayores aciertos: consigue sorprendernos con hechos reales que parecen superar cualquier imaginación.
Por momentos, uno podría pensar que está viendo un thriller de ficción, pero Valenzuela se encarga de recordarnos constantemente que todo esto ocurrió realmente. Que Berríos existió, que trabajó para los organismos de inteligencia de la dictadura y que su historia está directamente relacionada con algunos de los episodios más brutales de nuestro pasado.
Cocaína Negra es un documental inteligente, arriesgado y muy atractivo desde su propuesta audiovisual. Una película que demuestra cómo encontrar una nueva forma de contar una historia puede ser tan importante como la historia misma. Muy recomendable.



































