"Palestina 36": el origen de un conflicto
En salas de cine seleccionadas desde el 12 de febrero.
Llegó a la cartelera nacional "Palestina 36", la nueva película de la directora palestina Annemarie Jacir (Invitación de boda).
Este drama histórico se estrenó a nivel mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) en septiembre pasado, donde recibió una ovación de 20 minutos. Se trata de una producción que, más allá de los conflictos y las diferencias, nos recuerda que somos humanos: sentimos, amamos, creemos y tenemos tradiciones profundamente arraigadas.
"Palestina 36" recrea la revuelta palestina ocurrida entre 1936 y 1939 contra el Mandato Británico, uno de los levantamientos anticoloniales más grandes y prolongados del Imperio Británico. Es un momento histórico fundamental para conocer y comprender el complejo y doloroso conflicto que hasta hoy marca a Palestina e Israel (y al mundo entero también).
En el largometraje conocemos a Yusuf, un joven trabajador que transita entre su poblado rural y la convulsionada Jerusalén, donde trabaja para una familia adinerada, conocemos su entorno en cada una de sus facetas y se profundiza en algunas de las personas que forman parte de su círculo. Todo ocurre mientras el país se ve sacudido por la llegada constante de judíos que huyen del antisemitismo europeo y por el creciente levantamiento palestino contra tres décadas de dominio británico. En ese escenario de tensiones políticas y sociales, los distintos bandos avanzan hacia un enfrentamiento decisivo que marcará el futuro del territorio.
La película muestra cómo los nuevos asentamientos judíos se expanden con la venia de las autoridades británicas, que consideran esta política como una solución estratégica, sin dimensionar -o sin importarles- las profundas diferencias culturales, sociales y territoriales existentes, ni el impacto que esto tiene en familias completas que comienzan a quedar a la deriva.

Jacir construye un retrato crudo y profundamente humano de la época. El foco, más que en el conflicto armado en sí, está puesto en las personas, en su forma de sentir y actuar, en el sentido de familia, de comunidad y de pertenencia que comienza a ser amenazado y arrebatado.
Es una película que no se puede mirar con indiferencia. Sus paisajes son tan hermosos como dolorosos, y su narrativa directa, con imágenes que por momentos evocan el lenguaje documental, refuerza la sensación de estar frente a una historia que, aunque recreada desde la ficción, dialoga con una realidad persistente.
Una obra intensa y necesaria que invita a reflexionar, entendiendo que toda historia tiene múltiples aristas, luces y sombras, y que detrás de los grandes conflictos siempre hay vidas humanas marcadas para siempre.




































