En palco 2
Heart of the Beast
Pablo Arriagada
Por

24 de septiembre de 2026

Andes Films
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El Corazón de la Bestia: Brad Pitt y un perro contra el fin del mundo

David Ayer vuelve a reunirse con el actor 12 años después de Fury para entregar una hermosa y emocionante historia de supervivencia, que recupera con orgullo el cine clásico del hombre contra la naturaleza.

​Hay películas que uno disfruta por su espectacularidad, otras por su historia y algunas, simplemente, porque logran tocar una fibra mucho más profunda. El Corazón de la Bestia (Heart of the Beast) pertenece a esta última categoría. Y debo decirlo desde el comienzo: me fascinó.

La película sigue a James Belmont (Brad Pitt), un exoficial y veterano de las Fuerzas Especiales que vive alejado de todo junto a Odín, su inseparable compañero canino. Odín no es simplemente una mascota: es un perro de combate entrenado para misiones militares, un sobreviviente que, al igual que su amo, carga con las consecuencias de su pasado. Tiene una prótesis metálica en la mandíbula y una prótesis en una de sus patas, pero sigue adelante.

Ambos recorren las heladas y remotas montañas de Alaska buscando algo que nunca encontraron durante sus años en el ejército: paz. James y Odín cargan con sus propios traumas, pesadillas y terrores nocturnos, y la película construye buena parte de su vínculo a partir de esa experiencia compartida. Pero todo cambia cuando James sufre un infarto durante uno de sus vuelos y la avioneta termina estrellándose en medio de la inmensidad del territorio helado. Desde ese momento comienza una verdadera odisea por regresar a la civilización.

Y acá El Corazón de la Bestia abraza completamente el espíritu del cine de supervivencia clásico. Hombre contra naturaleza. El frío. El hambre. Los animales salvajes. Las heridas. El aislamiento. Y, sobre todo, la necesidad de utilizar todo aquello que ambos aprendieron durante sus años de entrenamiento para mantenerse con vida. 

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​Pero si hay algo que potencia enormemente esta experiencia es la fotografía de Mauro Fiore. La película está rodada en unos paisajes realmente impresionantes, aprovechando la inmensidad de una Alaska remota, aislada y prácticamente virgen. Las montañas, los bosques, los enormes campos cubiertos de nieve y la sensación de que no existe absolutamente nada alrededor de los protagonistas hacen que cada plano transmita una enorme sensación de soledad. 

Y es justamente ahí donde la película encuentra una de sus mayores virtudes: la naturaleza no es solamente el escenario, es un personaje más. La fotografía aprovecha las grandes panorámicas para mostrar la pequeñez de James y Odín frente a un territorio que parece no tener fin. Hay una belleza extraordinaria en esas imágenes, pero también una sensación permanente de peligro. Es un lugar hermoso y, al mismo tiempo, completamente hostil.

Es una película que no necesita demasiados artificios para funcionar. Brad Pitt llena la pantalla, demostrando que a sus 60 años sigue teniendo una presencia física impresionante. Pero si hay alguien que merece una nominación en esta película, es Odín. Estamos probablemente ante una de las grandes actuaciones caninas que veremos este año. 

La relación entre ambos es el verdadero corazón de la película. Y funciona porque nunca se siente como un simple recurso para provocar emoción. Odín es un compañero de guerra, un sobreviviente y, en muchos sentidos, el único ser que realmente comprende a James. 

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​David Ayer vuelve a trabajar con Brad Pitt 12 años después de Fury, y personalmente creo que acá encontramos su mejor película desde aquella brutal cinta bélica. Hay algo muy interesante en la decisión de Ayer de contar esta historia de una manera tan clásica. De hecho, salí del cine preguntándome si la película estaba basada en algún libro. Porque El Corazón de la Bestia tiene algo de cuento de Ernest Hemingway. El desarrollo del guión de Cameron Alexander es directo, casi elemental, pero justamente ahí está parte de su encanto. No intenta reinventar el género: toma una historia sencilla y la cuenta con convicción, cariño y una enorme preocupación por sus personajes. 

​Y sí, prepárense para emocionarse. La película tiene un componente emotivo muy poderoso y no me avergüenza decir que probablemente más de alguna lágrima termine apareciendo durante su desarrollo. Especialmente si son amantes de los animales. 

Además, la película aborda un tema que pocas veces vemos tratado desde esta perspectiva: el papel de los perros entrenados para trabajar junto a las fuerzas militares y la enorme importancia que pueden tener para salvar vidas. Odín representa justamente eso: un animal que ha sido entrenado para la guerra, pero que también ha establecido un vínculo de confianza y lealtad con su compañero humano.

Y hay que mencionar también la aparición de J.K. Simmons, quien tiene un pequeño pero muy agradecido papel como un minero que se cruza en el camino de James. Su personaje le entrega un consejo y desaparece casi como una figura mitológica dentro de esta historia. Es una de esas apariciones breves que dejan huella. 

Un detalle personal: vi la película doblada al español. Y aunque en ningún momento fue un impedimento para disfrutarla, creo que probablemente me la repetiré en inglés. Una película tan sostenida por la presencia de Brad Pitt, y con una aparición de J.K. Simmons, merece también ser experimentada con las voces originales.

El Corazón de la Bestia es, finalmente, una película sencilla, clásica y tremendamente efectiva. Una historia de supervivencia que funciona gracias a dos protagonistas que consiguen sostener prácticamente toda la película sobre sus hombros: Brad Pitt y Odín. 

Si les gustan las historias de supervivencia, las películas de animales o simplemente quieren ver una buena película de aventuras con corazón, no se la pierdan.

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