Digger: Tom Cruise se baja de los riesgos físicos y se enfrenta a un desafío mucho mayor
De la mano de Alejandro González Iñárritu, el actor protagoniza una provocadora sátira sobre poder, ego, crisis climática y decadencia humana, en una película que exige al espectador mirar más allá de su superficie.
Con “Digger”, Tom Cruise deja los riesgos físicos por un momento y da un gran salto en materia de interpretación y temáticas cinematográficas. Y qué mejor que hacerlo de la mano del mexicano Alejandro González Iñárritu, un posmodernista que ha llevado cada vez más al límite su propuesta cinematográfica.
Digger Rockwell (Cruise) es un excéntrico magnate petrolero que solo parece amar a su moribunda gata Maggie de ridículos 38 años. Sin mayores escrúpulos a la hora de manejar sus negocios, un importante desastre natural ocurre en una de sus explotaciones petroleras ubicadas en Groenlandia, una situación de la que ya había sido advertido y a la que decidió hacer caso omiso.
El problema genera una catastrófica reacción en cadena que pone en peligro a la humanidad. Sin embargo, Digger cree poder solucionarlo todo, instalado en su infinito egocentrismo y tozudez, y apoyado por un frívolo y poco diligente Presidente de los Estados Unidos, interpretado por John Goodman.
En la vereda opuesta de Digger se encuentra el Dr. Ganesh (Riz Ahmed), científico ambientalista que trabaja como Jefe de Seguridad Ambiental del protagonista y que representa, en muchos sentidos, la antítesis del millonario. Ganesh no teme cuestionarlo ni exponerlo públicamente.
Y hasta ahí es todo lo que deben saber de la trama.
La idea es ir al cine a verla sin demasiada información, sin muchas ideas preconcebidas y sí, con los sentidos abiertos. Porque “Digger” tiene mucho por contar y no lo hace de manera fácil. Incluso, a ratos, puede parecer confusa. Probablemente sea de esas producciones que necesitan más de un visionado para encontrar todo lo que tienen para nosotros.

Hay una fuerte crítica a la desconexión que tienen los gobernantes y las élites con las problemáticas reales. Nos habla de la falta de sensibilidad y del mundo hipócrita en el que vivimos, porque al resto de los mortales también nos toca un poco.
Hay una gran escena, un monólogo de Digger -donde Cruise está espectacular- que resume, de cierta manera, todo esto. Con una elocuencia enorme y rodeado de una estética casi fantasmagórica, en una suerte de limbo, tribunal o sesión de las Naciones Unidas, la película nos enfrenta a una idea incómoda: todos somos, en alguna medida, parte de lo mismo. Y si bien mucho se critica, también poco se construye.
Claramente, no es una película para el público masivo. No van a encontrar al Tom Cruise de Misión: Imposible o Top Gun, pero sí a un actor entregando una interpretación de primer nivel, donde muestra todo su potencial y en la que, por momentos, es casi imposible verlo a él.
Y no está solo. John Goodman y Riz Ahmed también hacen lo suyo con performances fuera de serie, aportando a este particular universo construido por el realizador mexicano.
Una propuesta visual que nos pone en primera fila
Emmanuel Lubezki, fiel colaborador de González Iñárritu, en esta oportunidad opta por filmar en VistaVision y utiliza numerosos planos amplios, con una clara reminiscencia a Kubrick. De hecho, hay algo en la cinta que inevitablemente recuerda a Dr. Strangelove.
Y no parece ser casual.
Además del frecuente uso del gran angular, la propuesta visual nos hace sentir en primera fila de esta decadencia humana, de esta sátira, de este drama, de esta locura que es, nada más ni nada menos, un reflejo de la vida misma.
La cinematografía está, además, predominada por tonos fríos y deslavados que refuerzan estas ideas y contribuyen a construir una atmósfera tan incómoda como particular.
Hay tanto para decir y debatir sobre “Digger”, pero es mejor verla. Porque, además, es entretenida -o por lo menos a mí me lo pareció- aunque podría haber sido quizás un poco menos extensa.
También es atrevida, y eso se agradece en el cine de grandes estudios.
“Digger” es de esas películas que probablemente se amen o se odien. Y llega a las salas chilenas este 1 de octubre.

































